Padre
entrañable que con sus manos
forjó
de un sueño una realidad.
Supo
ser alma de sus Hermanos,
y
nació entre ellos fraternidad.
Asistiendo
a un joven, a un moribundo,
le
gimió anhelante un viejo clamor;
preparó
a unos hombres que por todo el mundo
al
niño dijeran que Dios es amor.
Hoy
a Marcelino mostramos las gracias
por
la fe en María que nos enseñó,
por
su testimonio y por su constancia,
por
la obra marista que nos congregó.
Seglares
y Hermanos, con tesón y audacia,
mantienen
la llama que un día él prendió.
Hno.
José Delgado
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Pueblen
los aires triunfales voces,
den
los pensiles tributo en flor.
Brisas
inquietas llevad veloces
lauros
y aromas al Fundador.
Te
ofrendamos Padre filial cariño
cual
fragante incienso de gratitud.
A
tu solio llegan vítores de niños
llega
el coro excelso de la juventud.
Padre
en cuyo pecho la bondad fulgura
Padre
que la senda nos mostró del bien,
fuente
es tu enseñanza de simpar ventura
de
la obra Marista tú eres el sostén.
Inflamado
apóstol de alma noble y pura
sueña
mi hondo anhelo coronar tu sien.
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